Comparte tus lecturas con nosotros De pequeña ya escribía. No como ahora, claro, pero mis libretas y papeles arrugados estaban siempre repartidos por la habitación: frases sueltas, pensamientos, inicios de historias que raramente terminaban. En la adolescencia, las páginas en blanco se llenaban de emociones intensas, fantasías imposibles y sueños sin filtro. Escondía esos textos en lugares secretos… que mis...